Guasón, el drama de los enfermos mentales

Hector Castillo | @revistamarge | 8 diciembre, 2019

No soy cineasta, ni crítico del séptimo arte, solo un simple aficionado que asiste con cierta regularidad a las salas de teatro, en las que he tenido la oportunidad de apreciar películas impactantes, conmovedoras, que más allá de sus fastuosos lanzamientos y del boom publicitario, dan ganas de volver a verla, una y otra vez, ya que sus historias interpelan, ponen a pensar, sensibilizan.

Esto al menos es lo que me ocurrió con la historia de Guasón, la que me motivó a escribir algunas lineas sobre la vida turbulenta de Artur Fleck, personaje de ficción recreado por el actor norteamericano Joaquín Phoenix, un hombre que padece trastornos psiquiátricos que ante las precariedades económicas lo llevó a convertirse en bufón callejero.

La película refleja el drama que en la vida real sufren muchos enfermos mentales ante la inoperancia de un sistema de salud deshumanizado y mercantilista que niega un servicio digno a los enfermos, especialmente aquellos con quebrantos psiquiátricos.

El protagonista, es un hombre de rostro demacrado y mirada nostálgica que fue abandonado por su progenitor. Junto a su madre vivieron en un modesto apartamento de un sector marginado de ciudad Gótica. En medio de su padecimientos le toca atender a su madre, la que por sus achaques no puede valerse por si misma.

Desde joven aprendió a rebuscarse la vida como payaso promocionando los platos del día en la entrada de un restaurante, oficio en el que le tocó afrontar burlas, agresiones, maltrato verbal.

En medio de las adversidades y la pobreza, su madre lo persuadía a que no dejara de sonreír, su cara pintorreteada no podía ocultar la tristeza y la desesperanza.

Su enfermedad lo llevó a tener alucinaciones y una risa estruendosa y descontrolada, fumaba de manera ansiosa, varias veces intentó acabar con su vida.

Las carencias afectivas, los traumas, la orfandad paterna, el acoso y la suspensión de los servicios médicos, lo llevaron a convertirse en un peligroso psicópata.

Frente al permanente acoso y sorna social, un payaso amigo le dio un revólver para que se defendiera, lo cual desencadenó una serie de hechos trágicos, con el arma masacró a mucha gente que por largo tiempo lo acosaron.

Su compleja patología le hizo perder la poca lucidez que mantenía con ayuda de los medicamentos que ingería diariamente. Al final ocurrió un desenlace inesperado, con una almohada asfixió a su propia madre, porque supuestamente le había ocultado algunas verdades, como la de su padre.

Ante las transgresiones, fue recluido en un hospital psiquiátrico que más bien parecía una penitenciaría que un lugar de rehabilitación.

A pesar de las atrocidades y la carga violenta de la película, la que probablemente podría incitar al crimen y la sed de venganza de personas con este tipo de trastornos, el Joker, también retrata una problemática inocultable que pocas veces en el cine se visibiliza, el calvario que padecen los enfermos mentales y la insensibilidad social ante los pésimos servicios médicos del sistema de salud.

En el contexto colombiano, basta ir a cualquier clínica, hospital o Eps para apreciar los rostros de desesperanza de familiares y pacientes psiquiátricos, a los toca soportar largas filas para que le den una cita con el especialista o les entreguen los medicamentos.

En este sistema, los médicos también son víctimas, trabajan jornadas extenuantes, muchos no poseen estabilidad laboral, son mal remunerados, mientras que los inversionistas privados obtienen jugosas ganancias como intermediarios, bajo este sistema, los pobres no tienen derecho a enfermarse.

La ley 100 que regula la salud en el país, en la práctica privatizó este derecho fundamental, convirtió a los pacientes en clientes. Aquel que no esté cubierto con seguridad médica o no tenga para pagar un tratamiento está condenado a la locura o la muerte.

En un sistema de salud indolente, como el nuestro, puede convertirse en caldo de cultivo de psicópatas. En el contexto de la salud mental en Cartagena, el médico psiquiatra Cristian Ayola Gómez, asegura que:

“Cada vez que se restringen servicios de salud mental, se regatean días de hospitalización o la entrega de medicina psiquiátrica argumentando que el sistema de salud necesidad de bajar  costos, o se cierran servicios de salud mental o programas de ayuda social para esta población habitualmente discapacitada; cada vez la ARL o el fondo de pensiones retrasa o niega el acceso a la seguridad social; estamos contribuyendo a crear un Guasón más.”

De la ficción a la realidad solo hay un paso, la realidad muchas veces supera la ficción. En muchas calles y avenidas del país se ven deambular personas con problemas mentales a las que miramos con indiferencia, las que no reciben asistencia social , ni muchos menos tratamientos médicos por parte del Estado, lo cual se convierte en un problema social y de salud pública.

De no hacerse una reestructuración a fondo al sistema de salud, si no se garantizan y protegen los recursos económicos de este sector ante la corrupción galopante, sino se da un trato digno a los pacientes, sino se garantiza la salud como derecho fundamental, especialmente a este tipo de enfermos psiquiátricos, se corre un grave riesgo social que podría tener consecuencias lamentables.

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