EL ACORDEÓN LOS HIZO GRANDES

*Héctor Castillo Castro | | 16 agosto, 2020

Sheng, pariente cercano del acordeón- Archivo particular.

Nadie imaginó que el acordeón, un instrumento de raíces chinas y perfeccionado por los alemanes, iba a atravesar mares y océanos, hasta llegar a la gran cuenca del Caribe para integrarse al merengue “ripiao” de República Dominicana, la  típica de Panamá, la música norteña de México y continuara su recorrido al cono sur para formar parte del Tango y el Chamamé argentino con sus parientes el bandoneón y la concertina.

Este enigmático aparejo formado por lengüetas, teclado, fuelle, diapasón y bajos penetró en suelo colombiano entre los años (1860-1870) a través de diferentes rutas del Caribe colombiano, convirtiéndose en compañero de andanzas de los músicos aldeanos.

Acordeón diatónico-archivo particular.

Su belleza y amplitud sonora sustituyó la gaita indígena y la guitarra española y se juntó a la caja africana y a la guacharaca nativa con las que se hicieron bailes o festejos (cumbiambas), fandangos, parrandas y duelos entre trovadores, los que con el discurrir de los años crearían una de las expresiones culturales más representativa del país, a la que se llamó música de acordeón o provinciana.

Parranda típica con acordeón-archivo particular.

A lomo de bestias, enganchados en viejos Williys u otras veces amontonados como reses en camiones, juglares de abarcas y sombreros salían de giras desafiando trochas y carreteras pantanosas o encaramadas para ganarse el sustento familiar amenizando fiestas y parrandas a reconocidos hacendados de la región cantando historias que daban cuenta de sus aventuras, amoríos, parrandas y faenas campesinas.

Época en que a los músicos de acordeón, eran mirados de manera despectiva y se les tildaba de corronchos, analfabetas, vagabundos .y su música fue proscrita en algunos clubes y estratos sociales.

A pesar de los prejuicios lugareños, sus historias cantadas se fueron metiendo en el alma del pueblo. Como flora silvestre se fue diseminando por toda la provincia de Padilla, el  Magdalena y el Bolívar grande y con múltiples sus sonoridades y acordes se interpretaban, entre otros, cantos de pajaritos, cumbias, chandes, tamboras, porros, paseaitos y paseboles.

De esa época se hicieron célebres las piquerías entre gallos jugaos del acordeón, como las de Francisco Moscote  el «hombre” y Abraham Maestre, las de Víctor Silva y Octavio Mendoza, al igual que las que sostuvieron Samuel Martínez y Germán Serna.

Piqueria entre Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta Baquero-Archivo particular.

Tal vez los duelos más memorables fueron los que sostuvieron el viejo Emiliano Zuleta con Lorenzo Morales y su hermano materno Antonio “Toño” Salas y el de los de los sabaneros Enrique Díaz y Rúgero Suarez, en la que también Miguel Durán picoteó contra Suárez y al final Julio de la Ossa intervino y tildándolos de payasos.

Canto de vaquería- Archivo particular.

No se pueden olvidar las sonadas piquerias que se dieron en los años sesenta y setenta entre el «Mago» Aníbal Velásquez y el «Rebelde» del acordeón Alfredo Gutiérrez en las que la gente concurrían y atiborraban las casetas y verbenas.

Juancho Polo, juglar del acordeón. Archivo particular.

Hubo varios factores que se conjugaron para el posicionamiento de este expresión musical, entre otros, el respaldo de la industria discográfica, el talento de sus intérpretes, la difusión de la radio, el padrinazgo de algunos barones políticos, el “mecenazgo” de la «bonanza marimbera» y la creación de los festivales vallenatos de acordeón ( Vallenato, Bolivarense, Cuna de acordeones, el Sabanero, fueron decisivos en su masificación por el territorio nacional y más allá de las fronteras.

Las disqueras, fueron fundamentales en la difusión
del vallenato-Archivo particular.

A mediados de las décadas de los treinta y cuarenta algunos músicos tuvieron el privilegio de incursionar en el mundo discográfico, tal como ocurrió con el guitarrista cienaguero Guillermo Buitrago en 1943. Al año siguiente le siguió el acordeonista Abel Antonio Villa. Más tarde se sumaron otros rapsodas como «Pacho» Rada, Alejo Duran, Luis Enrique Martínez, Juancho Polo Valencia, «Colacho” Mendoza, Náfer Duran, Andrés Landero, Julio de la Ossa, y Enrique Díaz.

Abel Antonio Villa, primer acordeonista en llegar a los estudios de grabación- Archivo particular.

Con la consiguiente evolución organológica, el tránsito del canto campesino al citadino, el surgimiento de nuevas generaciones de compositores e intérpretes con formación intelectual y la incursión de nuevos integrantes a los grupos de acordeón, en especial, el del cantante, se fue relegando el papel protagónico de los acordeonistas.

A pesar de esta circunstancia estos digitadores siguieron jugando un rol importante en la creación y difusión de esta expresión sonora del Caribe colombiano.

Luis Enrique Martínez, creador de un estilo raizal
apetecido en festivales y parrandas. Archivo particular.

Pues bien, en este universo de la música de acordeón que hoy genéricamente se conoce como vallenata, existe una variedad de estilos o formas de pulsar el fuelle con los que se identifican a los acordeonistas.

Hay por ejemplo unos apegados a la tradición que siguiendo los cánones del vallenato clásico a los que le suelen llamar acordeonistas criollos, raizales, apetecidos en parrandas y fiestas.

Es probable que por su avanzada edad, las barreras geográficas y los atrasos tecnológicos de la época, algunos acordeonistas no tuvieron la oportunidad de llegar a las pastas sonoras, entre otros; Francisco Moscote o Francisco “El Hombre”, Luis Pitre, Sebastián Guerra, Eusebio Ayala, Fruto Peñaranda, Santander Martínez, “Juancitos” Granados, José León Carrillo y Francisco Bolaños.

Alejo Durán, primer rey vallenato-Archivo particular.

En ese estilo ortodoxo, tradicional hubo acordeonistas que se presentaron al Festival Vallenato, aunque tuvieron influencias de algunos acordeonistas antecesores, se coronaron como reyes tocando con sus propios estilos, así lo hicieron Alejo Durán, Luis  Enrique Martínez, “Colacho” Mendoza, Miguel López, Alfredo Gutiérrez, “Calixto Ochoa”,  Julio de la Ossa, “Pangue” Maestre, Raúl Chiche Martínez, “Cocha Molina”, Alberto Rada, Juan David Herrera y Saúl Lallemand, entre otros.

Julio de la Ossa, representante del acordeón sabanero- Archivo particular.

Cabe destacar que en el llamado concurso «Rey de reyes», que se realiza cada 10 años en el marco del Festival vallenato, solo «Colacho» Mendoza, el «Cocha» Molina, «Hugo Carlos Granados y Alvaro López ostentan hasta hoy este preciado galardón.

No hay que olvidar que Alfredo Gutiérrez se alzó en tres ocasiones con la corona de Rey vallenato y el difunto Julio Rojas la conquistó en dos ocasiones.

En esa misma tendencia raizal varios acordeonistas han conquistado la «corona» vallenata imitando estilos y rutinas ajenas. Sin desmeritar su talento como buenos intérpretes de la música de vallenata, se les critica el hecho de no crear su propia identidad, tal vez por eso, se estancaron musicalmente y han sido efímeras sus producciones discográficas.

En esta taxonomía musical, hay unos digitadores que se han especializados en determinados tonalidades del acordeón, por ejemplo en los menores, tal es caso de Nafer Durán, El “Turco” Gil e Ismael Rudas. Otros se hicieron famosos por la asombrosa forma de pulsar los bajos como Miguel López y sus hermanos Elberto y Alfonso Poncho López.(Q.e.p.d).

Andres Landero, Rey de la Cumbia-Archivo particular.

En este mismo contexto demostraron su maestría en el Son: Pacho Rada, Alejo Durán, Julio Rojas, Fredy Sierra. Al igual que en la puya acentuaron su agilidad y destreza Fortunato Fernández, Juan Muñoz y Alfredo Gutiérrez.

Pacho rada uno de los precursores del Son. Archivo particular.

 En la interpretación cadenciosa del merengue sobresalieron el juglar Octavio Mendoza, “Colacho” Mendoza, Miguel López y el “Cocha” Molina.

La cumbia tuvo sus mejores intérpretes en Andrés Landero, Carmelo Torres Lizandro Meza, Gilberto Torres, Rodrigo Rodriguez quienes han contribuido a su internacionalización.

Hay también acordeonistas con formación académica o estudios de conservatorios que manejan la técnica, el pentagrama musical como el «Turco» Gil y Julián Mojica. Otros como el bolivarense Lucho Arrieta y los guajiros Rafael Romero y su hijo el “Morre” y Mauro Millian y el propio «Turco» Gil se han dedicado a enseñar a tocar el acordeón.

El «Turco» Gil en su academia musical-Archivo particular.

Hubo varios acordeonistas que  abandonaron las parrandas y se dedicaron arreglar o reparar acordeones como el ciego Buenaventura Rodríguez, el viejo Ismael Rudas, Ovidio Granados, Ramón Vargas, Ambrosio Molina, Carlitos Noriega, Ramón Vargas,(Q.e.p.d) Lucho Campillo e Hildemaro Bolaños.

Ramón Vargas, acordeonista y técnico de acordeones-Archivo particular

En este recorrido hay que destacar los hermosos arreglos y melodías que hicieron Gustavo Gutiérrez y Rafael Ricardo en sus grabaciones vallenatas con la concertina o acordeón teclas de piano.

Rafael Ricardo, exponente del acordeón piano-Archivo particular

En este recorrido tras las huellas del acordeón nuestro hay que resaltar el ingenio, la capacidad técnica y emprendedora del difunto Rufino Barrios y José Sierra, los que no solo repararon sino que también crearon acordeones. Las marcas “Rufi” y “Mileto”, son obras de su talento que gozan de reconocimiento nacional.

Rufino Barrios creador del acordeón Marca Ruffi-Archivo particular.

Hay acordeonistas que han hecho grandiosos aportes al llamado vallenato lírico o romántico, con sus extraordinarios arreglos musicales, exquisitas melodías que plasmaron en sus producciones musicales han estado a la altura de cualquier músico de academia. En este listado hay que citar al “Pangue” Maestre, Israel Romero, Juancho Rois, Ismael Rudas, Rafael Ricardo, Mariano Pérez, Sergio Amaris, Felipe Paternina y William Molina.

«Pangue» Maestre, exponente del acordeón lírico o romántico -Archivo particular.

Un sino trágico truncó los sueños de algunas promesas del acordeón que infortunamente fallecieron en forma prematura y nos privaron la oportunidad de apreciar su virtuosismo. Intérpretes que en su corta carrera musical dejaron obras de gran riqueza melódica e interpretativa que aún permanecen en el alma popular como las hechas por los guajiros Ender Alvarado y Héctor Zuleta.

Dentro de las diferentes vertientes, hay unos que aunque no se coronaron como reyes vallenatos, instituyeron sus propios estilos, han sido exitosos en la venta de discos, algunos fungieron como productores, arreglistas, tal es el caso de Emiliano Zuleta, Lizandro Meza, Andrés Landeros, Ramón Vargas, Enrique Diaz, Juancho Rois, Ismael Rudas, Israel Romero, Emilio Oviedo y Jesualdo Bolaños, Victor Reyes, El «Negrito» Osorio, Jimmy Zambrano.

Anibal Velasquez, precursor de la guaracha en acordeón-Archivo particular.

Hay también que resaltar la grandeza musical de algunos digitadores que se apartaron de los cánones clásicos de la música tradicional, los que explorando espectros sonoros antillanos crearon ritmos pegajosos o adaptaciones musicales con sus acordeones como Juancho Polo Valencia, Ángel Vásquez, Rubén Darío Salcedo, Rafael Cabeza, Aníbal Velásquez, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Aniceto Molina, Lizandro Meza, Dolcey Gutiérrez, Miguel Durán y su hijo Miguel Jr los que con sus estilos jacarandosos, bailables tocaron guarachas, charangas, chandé, cumbia, porros, paseítos, fandangos, boleros y dejaron una huella indeleble con el acordeón.

Ángel Vásquez Ortiz creador del ritmo vasqueson- Foto Héctor Castillo Castro.

Es preciso hacer una mención especial al acordeonista Máximo Jiménez, quien se hizo célebre por sus canciones protestas con las que denunció la problemática campesina y cuestionó los abusos de los terratenientes y las injusticias de la clase política corrupta del país.

Maximo Jimenez, acordeonista y compositor de canciones protestas -Archivo particular.

A este grupo de acordeonistas con influencia caribeña hay que referenciar a los sabaneros Gilberto Torres y Lizandro Meza, los que a ritmos de paseaitos y cumbias han creado canciones alusivas a las fiestas decembrinas, por lo cual son llamados » cantores de la navidad» .

En el ámbito de las fusiones hay que destacar al acordeonista Egidio Cuadrado, quien al lado del cantante Carlos Vives han hecho mixturas vanguardistas entre acordeón con el pop y el rock, propuesta que ha tenido muchas acogida en el ámbito latinoamericano.

Hay que destacar fusiones exitosas que hicieron acordeonistas como Juancho Rois con la orquesta Guayacán, Alfredo Gutiérrez con el merenguero July Mateo «Rasputín», Israel Romero con Wilfrido Vargas y el «Cocha» Molina con la banda de Gloria Stefan.

De esta misma tendencia renovadora, se pueden resaltar digitadores briosos, ágiles, melodiosos, con asombrosa velocidad que han hecho propuestas novedosas, rupturas musicales a los que se suelen clasificar como vanguardistas y revolucionarios.

Juancho Rois, acordeonista vanguardista. Archivo particular.

Acordeonistas que con sus formas de pulsar el acordeón de manera pegajosa, sabrosa, invitan al baile, al deleite y han  brillado a la par de sus cantantes de turno como Juancho Rois y  otros influenciados por su estilo como Omar Geles, Franco Arguelles, Rolando Ochoa, Saúl Lallemand y Juancho de la Espriella.

Israel Romero, campeón mundial de acordeón -Archivo particular.

La experticia digitativa de algunos le permitieron ganar campeonatos mundiales de acordeón, Alfredo Gutiérrez lo logró dos veces en Alemania e Israel Romero lo consiguió  en los Estados Unidos. El “Gago” de oro fue homenajeado por la Honner de Alemania, la que bautizó uno de sus acordeones con el nombre de Emiliano Zuleta.

Emilianito Zuleta, homenajeado, por la
Honner, una de sus acordeones lleva su nombre-
Archivo particular.

En este recorrido musical hay que resaltar algunas familias en las que se ha trasmitido entre sus miembros el arte de tocar acordeón, entre otras, se pueden identificar a los Durán, encabezada por el negro Alejo, Náfer y Luis Felipe. Los Zuleta con Job, Emiliano el viejo y sus hijos Emilianito, Héctor,(Q.e.p.d) Mario (Q.e.p.d), Efraín y sus descendencia Iván Zuleta y “el coco” Zuleta.

De esta última Héctor y su sobrino Iván se convirtieron en extraordinarios verseadores respetados por sus contrincantes y ovacionados por sus seguidores.

En ese misma linea, la familia Romero ha prologando este arte musical con Escolástico y sus hijos Norberto, Israel, Limedes, Rafael, el “Morre” Romero y su tío Pedro Romero.

Los Bolaños con Pedro, Francisco “Chico” Bolaño, Hildemaro y su hijo Edgardo. Los Villa de Pivijay, Magdalena liderada por Abel Antonio, y su hijo Luis Villa y sus parientes Beto Villa, Sammy Villa y Luis José Villa.

Dinastia Lopez, Pablo, Miguel, Alvaro y Navin López- Archico particular.

Los López con su fertilidad musical han hecho grandes aportes al acordeón, entre otros, Juan Bautista, Miguel, Poncho, Elberto, Álvaro, Román y sus parientes Alfredo Gutiérrez y Navín, varios de ellos han sido reyes vallenatos.

Los Granados de María Angola, igualmente han cultivado el acordeón raizal abanderado por «Juancito» Granados, Almes, Ovidio y sus hijos Hugo, Juan José son reyes vallenatos.

En este sorprendente recorrido por el acordeón nuestro, hay que destacar la veneración que sintieron algunos por su compañero de batalla, al que le erigieron canciones, por ejemplo el Negro Alejo le cantó a su “Pedazo de Acordeón” y al «Pechichón”.

Lizandro Meza le canto a su acordeón pitador-archivo particular.

El sabanero Lizandro Meza compuso en su estilo atropicalizado “Mi acordeón pitador”, Emiliano Zuleta creo la canción “Mi acordeón”, con la que se coronó “rey” de la canción inédita en 1985 en el festival vallenato.

De igual manera, Antonio Serrano Zuñiga compuso «Despertar de un acordeón» y el desaparecido Julio Díaz ganó en 1983 la canción inédita en Valledupar con la obra: “Soy el acordeón”.

Cantantes como “el Cacique de la Junta” Diomedes Díaz elogiaron las virtudes de dos de sus acordeonistas de turno, así lo hizo con el “El gallo y el pollo” dedicado al Cocha Molina y “las Notas de Juancho”, en las que resalta las destrezas del “conejo” Rois.

Por su parte, Emilianito Zuleta dedicó la obra “A un colega”, a “Colacho” Mendoza, como expresión de admiración y respeto por su maestría.

El difunto Poncho Cotes Jr le compuso: “El pollo negro” a Israel Romero y el difunto Hernando Marín dedicó: “Señor acordeonero”, al Fuete Juancho Rois.

«Beto» Murgas, creador de la Casa Museo del acordeón, Valledupar – Foto Héctor Castillo C.

Para bien del folclor, el compositor y también acordeonista Alberto «Beto» Murgas, instauró en su propia casa un museo en el que el visitante puede hacer un recorrido por la historia del fuelle sonoro, conocer su ancestro el Sheng, palpar el «tornillo» de máquina, «el espejito», «el guacamayo» y acordeones diatónico, la concertina y el cromático.

De igual manera puede apreciar acordeones italianos como el Dino Banfetti tecla de piano y alemanes como el Honner y el Weltmeister, hasta uno hecho en el propio patio, como el «Mileto» vallenato creado por José Sierra, a los que Murgas custodia como hijos y preserva la memoria histórica de estos enigmáticos instrumentos.

En aras de evitar injusticia e invisibilizar el aporte hecho por las nuevas generaciones del fuelle, hay que reconocer que a finales de décadas de los años noventa y comienzos del dos mil, emerge una vertiente de acordeonistas talentosos entre los que destacan Manuel Julián Martínez Juan K Ricardo, «Morre» Romero, Daniel Maestre, Sergio Luis Rodriguez, Rolando Ochoa, Juancho De la Espriella, Luis Guillermo Zabaleta, Eimar Martínez, los que se le conoce como la “Nueva ola”.

Juancho De la Espriella, acordeonista de la llamada Nueva Ola- Archivo particular

Jóvenes acordeonistas que se han distanciado de la ortodoxia vallenata, e influenciados por el estilo musical de Juancho Rois e Israel Romero, introducido nuevas sonoridades, fusiones, rupturas y discontinuidades y fusines musicales con las que han logrado algunos éxitos en sus producciones discográficas.

Rita Fernández, precursora del Vallenato femenino. Archivo particular.

No hay duda que este género musical con marcada tendencia machista limitó por muchos años el talento musical de las mujeres, las que después de un largo tiempo de resistencia se rebelaron contra esta hegemonía patriarcal.

Con sus faldas y tacones desafiaron los prejuicios sociales de la época y a mediados de los años setenta un puñado de jóvenes lideradas por Rita Fernández y su universitarias irrumpieron en los «feudos» sagrados del Vallenato.

A los pocos años se unieron otras jóvenes con mucha determinación musical Fabry Meriño, Madeleine Bolaños, Maribel Cortina, Jenny Cabello, Chela Ceballos las que se echaron el acordeón al pecho y silenciaron a los incrédulos que monopolizaban los festivales y las producciones discográficas. 

Loraine Lara, primera reina vallenata profesional-Archivo particular.

A estas precursoras, hoy les secundan un semillero de niñas y jóvenes acordeonistas que se abre camino en este competitivo y difícil arte, entre ellas, Lorraine Lara primera mujer en coronarse como reina vallenata.

Diana Burco, primera acordeonista en ser nominada al Grammy latino en la categoría Cumbia-Vallenato y Yeimi Arrieta, primera niña en coronarse como reina infantil en Valledupar.

Sara Arango, joven prodigiosa del acordeón-Archivo particular.

A esta lista se suman Wendy Corzo, Nataly Patiño, Sara Arango, Isabel Sofía Picón, Leidy Salgado, Mélida Galvis, chicas que con su vitalidad, carismas y talentos que seguramente harán historia con el acordeón.

Isabel Picón, promesa del acordeón-Foto Héctor Castillo.

El acordeón, ese maravilloso instrumento que tantas alegrías y satisfacciones nos ha regalado, al que las viejas y nuevas generaciones descubrieron sus secretos sonoros y les ha dado fama y reconocimiento, se convirtió en emblema nacional.

De ahí que en Valledupar se le haya erigido una escultura al «pedazo de acordeón» y se hayan filmado varias películas como: «La boda del acordeonista», «El viaje del acordeón, «Los viajes del viento», en las que ha sido el protagonista estelar.

Quizás por esta y otras razones, el nobel García Márquez emocionado con su pluma cautivadora escribió alguna vez: “No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento.”

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